La educación que viene: qué debe cambiar antes de que sea tarde

por | Abr 28, 2026 | Artículos | 0 Comentarios

Chile gasta más de tres puntos del PIB en educación escolar y los resultados no mejoran. La demografía presiona, la IA transforma el trabajo y el modelo pedagógico del siglo XX ya no alcanza.

Sylvia Eyzaguirre, una de las voces más influyentes en política educacional en Chile, lo dice sin eufemismos: invertimos más de tres puntos del PIB en educación escolar y eso no se está notando. La calidad está estancada, la infraestructura sobra y el tsunami demográfico que se aproxima amenaza con hacer colapsar un sistema que ya hoy opera con un 24% de capacidad ociosa. Pero detrás del diagnóstico urgente hay algo más profundo: una pregunta que ningún colegio puede seguir postergando. ¿Para qué mundo estamos educando?

DATOS CLAVE

  • 📌 +3% del PIB invertido en educación escolar sin mejoras visibles en calidad
  • 📌 24% de capacidad ociosa actual en el sistema, proyectada a 40% en 5 años
  • 📌 −25% podría caer el financiamiento vía subvención por alumno en 5 años
  • 📌 57% de chilenos entre 16 y 65 años no sabe ordenar números con decimales (prueba PIAAC, OCDE)

Un sistema que gasta mucho y aprende poco

En la prueba PIAAC, que mide competencias cognitivas en adultos de países de la OCDE, Chile quedó en el último lugar. No en el tercio inferior: en el último puesto. El dato que más inquieta no es el promedio general, sino uno específico: los chilenos con posgrado completo alcanzan apenas 262 puntos sobre 500, una cifra que se asemeja al promedio de quienes terminaron solo la enseñanza media en otros países de la organización.

«Los resultados en matemáticas y ciencias revelan que somos uno de los países que más retrocedió entre 2019 y 2023. El cierre de escuelas durante dos años entregó una señal política sumamente dañina: que la educación no es importante.» — Sylvia Eyzaguirre, investigadora CEP

En la prueba TIMSS de matemáticas y ciencias, Chile ocupa el grupo de peor desempeño global, y entre 2019 y 2023 el rendimiento en 8° básico cayó de forma significativa. El argumento de que la pandemia lo explica todo pierde fuerza cuando se observa que países con cierres similares recuperaron terreno en menos tiempo. La diferencia está en la prioridad política que se le asignó al aprendizaje post-pandemia.

A este cuadro se suma un problema estructural: el sistema educativo chileno financia hoy la ineficiencia. El modelo de subvención por alumno fue diseñado para aulas de 40 a 45 estudiantes. Hoy el promedio urbano es de 28 por sala. En cinco años podría llegar a 21, lo que implicaría una reducción del 25% en el financiamiento por establecimiento. Quien no se prepare para eso, sencillamente no sobrevivirá.

💡 Dato para tener en cuenta: en 2025 el Sistema de Admisión Escolar (SAE) registró 257 mil cupos para primero básico en el sector estatal, pero solo 195 mil niños. Ese 24% de capacidad sin uso no es eficiencia: es un costo que pagan todos los colegios en calidad no entregada.

El tsunami demográfico llega antes de lo esperado

Eyzaguirre usa la palabra «tsunami» con deliberación. No es retórica: es la imagen más precisa para describir una ola que ya se formó en el océano y que llegará a la orilla de cada sala de clases en los próximos cinco años. La tasa de fecundidad en Chile alcanzó 0,97 hijos por mujer en 2025, y las estimaciones del INE proyectan que en 2028 podría bajar a 0,89, situando al país entre los de menor natalidad del mundo.

«El tsunami demográfico no va a ser igual en todo el territorio, pero sí sabemos que va a afectar muchísimo más al sector público. Si el sector público no tiene un plan inteligente de cierre de escuelas, va a haber un desangramiento y probablemente se termine casi extinguiendo.» — Sylvia Eyzaguirre, entrevista Ex-Ante, abril 2026

El sector particular pagado enfrenta una versión diferente, pero igualmente exigente, del mismo problema. Las familias que sí tienen hijos —cada vez menos— tienen más donde elegir, más información para comparar y menos disposición a aceptar una propuesta educativa mediocre. La caída de matrícula en el sector privado ya es real: cuatro años consecutivos de baja a nivel nacional. Lo que viene no es una corrección de ciclo; es un cambio estructural permanente.

La respuesta instintiva de muchos directivos —esperar a ver qué pasa, ajustar el precio, hacer campañas de marketing— será insuficiente. La competencia ya no es solo entre colegios privados: es entre colegios privados y un sistema subvencionado que, según datos del SAE, concentra el 70% de las primeras preferencias de las familias. La calidad, no el nombre ni la infraestructura, es el único activo que fideliza.

Qué transformaciones necesita la educación para los próximos años

Más allá del diagnóstico demográfico, el análisis de Eyzaguirre abre una pregunta de fondo: ¿qué debe cambiar en la educación chilena para ser relevante en el mundo que ya está llegando? Identificamos cinco transformaciones que los colegios privados no pueden seguir postergando.

I. Del contenido a la capacidad de pensar

Eyzaguirre es enfática: el desarrollo del pensamiento lógico y crítico no puede comenzar a desarrollarse en la universidad. Debe comenzar desde la educación básica. En un mundo donde la inteligencia artificial genera contenido ilimitado en segundos, lo que agrega valor humano es la capacidad de evaluar, discriminar y razonar sobre ese contenido. Los colegios que sigan midiendo el aprendizaje por memorización están formando para un mercado laboral que ya no existe.

II. De la sala de clases al vínculo docente-alumno

La investigadora lo sitúa como prioridad número uno: la interacción entre el docente y el alumno en el aula es el factor que más impacta en el aprendizaje. No la tecnología, no la infraestructura, no la plataforma digital. La IA puede personalizar contenidos, pero no puede reemplazar la relación pedagógica. Los colegios que inviertan en desarrollo docente profundo —no en certificaciones superficiales— tendrán una ventaja competitiva real e irreproducible.

III. De la formación académica a la formación en capacidades reales

Eyzaguirre es crítica de la formación inicial que ofrecen hoy las universidades: apunta a una formación académica cuando debería apuntar a una formación robusta en capacidades pedagógicas reales. Los colegios privados que dependen del sistema universitario para recibir docentes bien formados no pueden esperar que ese sistema cambie pronto. Deben asumir parte de esa formación continua internamente, como parte de su propuesta de valor diferencial.

IV. De la IA como amenaza a la IA como herramienta pedagógica

La inteligencia artificial no llegará a las escuelas: ya llegó. La pregunta no es si integrarla, sino cómo hacerlo sin desplazar el desarrollo de las capacidades que la IA no puede reemplazar. Los informes de UNESCO y OCDE son claros: la competencia docente en IA será un requisito estructural, no opcional. Diseñar experiencias de aprendizaje con IA que fortalezcan el pensamiento crítico y la autorregulación es la frontera donde se jugará la calidad educativa de la próxima década.

V. De la gestión reactiva a la planificación estratégica con datos

El sistema educativo chileno lleva años operando sin anticiparse a los cambios demográficos que eran perfectamente previsibles. El SAE tiene hoy datos precisos de cuántos niños hay, dónde viven y qué colegios prefieren sus familias. Los colegios privados que utilicen datos para planificar —proyecciones de matrícula, análisis de preferencias familiares, benchmarking de calidad— tomarán mejores decisiones que quienes operen por intuición o tradición institucional.

La oportunidad que esconde la crisis

Hay una lectura que se pierde en medio del diagnóstico pesimista: menos alumnos puede significar mejor educación. No automáticamente, pero sí como posibilidad real. Un aula de 21 estudiantes con un docente bien formado, con tiempo para el vínculo y con herramientas de seguimiento individual, puede entregar una experiencia educativa cualitativamente superior a la de un aula de 40.

«Un menor número de alumnos puede considerarse una oportunidad para mejorar la calidad, no necesariamente una señal para reducir la oferta.»

Los colegios privados que lean esta transición como una oportunidad de reposicionamiento —hacia propuestas más personalizadas, con ratios docente-alumno más bajos, con énfasis en competencias del futuro y vínculo comunitario más estrecho— tienen ante sí una ventana que no estará abierta para siempre. Los que la lean solo como una amenaza financiera, probablemente tengan razón en que lo es.

Lo que Eyzaguirre describe en su diagnóstico no es el fin de la educación privada en Chile. Es el fin de la educación privada mediocre. Y esa es, para los colegios que asuman el desafío, una noticia alentadora.

Publicado por reimagineduc · Educación con propósito Basado en entrevista a Sylvia Eyzaguirre, investigadora CEP — Ex-Ante, abril 2026