No es “chao celulares”: es diseñar un colegio 2026 que vuelva a mirar a los ojos

por | Feb 13, 2026 | Artículos | 0 Comentarios

La nueva ley que regula el uso de celulares en establecimientos educacionales entra a regir desde el inicio del año escolar 2026. Y, como era predecible, la discusión se partió en dos: “por fin se termina la distracción” vs. “nos están quitando una herramienta”.

Pero el verdadero punto no es ese.

El punto es que por primera vez en mucho tiempo, el sistema nos obliga a hacernos una pregunta incómoda y potente: ¿cómo se ve una escuela que protege la atención, cuida la salud mental y enseña ciudadanía digital… sin convertir el aula en una guerra de bolsillo?

Porque si esto se implementa como “prohibido y listo”, el resultado será simple: más fricción, más conflicto, más desgaste docente… y estudiantes que solo aprenden a esconder. Lo que necesitamos es otra cosa: DISEÑO.

La ley no es el final de lo digital. Es el inicio de lo responsable.

La regulación establece una prohibición general del uso de dispositivos móviles (especialmente en actividades curriculares en sala), con excepciones acotadas:

  • ayudas técnicas por NEE
  • condiciones de salud que requieren monitoreo
  • emergencias
  • uso pedagógico justificado
  • autorización temporal por seguridad solicitada por apoderados

Además, en enseñanza media se abre una puerta: los colegios podrían definir espacios u horarios autorizados, en línea con la autonomía progresiva.

Traducción ReimaginEDUC: no se trata de “sacar tecnología”, se trata de ordenar hábitos, contextos y propósito.

El riesgo real: cambiar una adicción por un conflicto

El problema del celular en la escuela rara vez es “tecnológico”. Es cultural. Cuando una comunidad se acostumbra a vivir con micro-distracciones constantes, el celular se vuelve un regulador emocional:

  • aburrimiento → pantalla
  • ansiedad → pantalla
  • silencio → pantalla
  • conflicto → pantalla

Entonces, si lo quitamos sin reemplazar nada, lo que aparece no es “atención”, lo que aparece es abstinencia: irritación, resistencia, desmotivación y conflictos cotidianos. Por eso, la implementación no puede ser solo norma. Tiene que ser ecosistema.

El checklist que separa a los colegios que ordenan… de los que solo prohíben

Si eres equipo directivo, convivencia o UTP, estas son las 10 decisiones que deben quedar cerradas por escrito (y comunicadas con claridad) para que esto funcione:

  1. ¿Dónde aplica la prohibición (solo sala o también recreos y pasillos)?
  2. ¿Qué pasa con el celular al inicio del bloque (mochila, caja por curso, casillero)?
  3. ¿Quién custodia y qué pasa si se pierde/daña?
  4. ¿Cuál es la escala de medidas ante incumplimiento (gradual y proporcional)?
  5. ¿Cómo se gestionan excepciones (formularios, certificados, vigencia, trazabilidad)?
  6. ¿Qué significa “uso pedagógico” y cómo se autoriza sin abrir un hoyo gigante?
  7. ¿Qué canal institucional reemplaza el “llámame al recreo” (para apoderados)?
  8. ¿Qué plan real existe para recreos con interacción (juegos, clubes, mediación)?
  9. ¿Qué estrategia acompañará autorregulación y salud mental (no solo castigo)?
  10. ¿Qué indicadores se medirán para ajustar sin pelear por percepciones?

Cuando estas preguntas no se responden, la escuela cae en lo peor: docentes fiscalizando, estudiantes resistiendo y familias desconfiando.

Tres ideas para implementarlo con sentido (y sin incendiar el año)


1) Menos fiscalización, más rutina

  • No conviertas al profesor en guardia. Define un “momento cero” por bloque: guardar y listo.
  • El poder del sistema está en lo repetible, no en el sermón.


2) La excepción pedagógica debe ser una herramienta, no una excusa

  • Si “para la clase” se puede usar siempre, entonces nunca se puede.
  • Define un catálogo simple: actividades acotadas, con propósito claro y evidencia observable.


3) El patio es el nuevo campo de batalla (y también la solución)

  • Si el recreo sigue siendo vacío y aburrido, el celular volverá por la ventana.
  • Organiza juego, interacción, mini-torneos, zonas tranquilas, clubes express.
  • No por “entretenimiento”, sino por salud social.


Lo más importante: esto no se gana con prohibiciones, se gana con legitimidad

La comunidad educativa necesita sentir que la medida no es “control”, sino protección:

  • proteger la atención
  • proteger el vínculo
  • proteger la convivencia
  • proteger la salud mental
  • y formar educación digital responsable (sin ingenuidad)

Si lo haces bien, el celular deja de ser el centro del día y la escuela vuelve a hacer lo que nunca debió perder: Ser un espacio de presencia.


Nuestro Llamado final

Si tu colegio quiere implementar esta ley sin trauma, el foco es uno: diseñar un sistema simple, justo y comunicable. Para eso preparamos una guía corta con checklist, protocolos y plantillas listas para adaptar:

 

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